sábado, 20 de marzo de 2010

MAL DESPERTAR

Ultimamente sólo veía oscuridad allí por donde pasaba: mi abuela postrada en una cama de hospital, esperando su fin, un buen amigo que truncaba su vida por una decisión en un momento pésimo...
Las cosas cada vez se ponían de color más oscuro, y no sabía a donde aferrarme, pero un buen amigo decidió concederme un pequeño saliente donde poder aferrarme, viniendo desde Madrid, y así detener por un breve momento mi caída hacia el vacío.
El estado de mi abuela tenía muy mal porvenir, algunos días estaba bien, como al siguient fatal, y los médicos nos decían que en uno de esos bajones, no habría un nuevo ascenso. Por otro lado el amigo de la decisión errónea, no hacía sino agravar su situaciíon cometiendo nuevos y peores errores. El pequeño asidero del amigo de Madrid se resquebrajaba por momentos.
Pero un buen día, recibí una llamada reconfortante, un tal Liberman me comento que el amgo descarriado había tenido una aparente gran mejoría, lo que me propició un gran gorlpe de fortaleza para aferrarme con más fuerza al pequeño saliente de esperanza. Pero pocas horas más tarde, recibí la fatídica noticia que me desconsoló por completo; la lucha de mi abuela, había terminado, con la victoria del bando contrario. Y aunque después de tantos dçias de agonía, se supone que ya lo tienes asumido, cunado llega el momento es muy duro y dificil asuumir que un ser querido te ha dejado. Y no contentos con eso, ahora es cuando vienen todos los trámites del funeral y el entierro...
No os compadezcais de mi, aunque se que eso significa que os importo y lo valoro muchisimo más de lo que creeis.
Un ferviente saludo a mi reducido séquito de lectores. Hasta la proxima entrada.

2 comentarios:

  1. Maldita sea Murray, usted es una extraña constelación génica que dio como resultado al ser más extraordinariamente genial que uno pueda conocer. No sé de nadie que sea merecedor de su amistad, yo no lo soy, desde luego, pero puede jugarse su Ford Centella Carmesí a que no hay día en que no le esté agradecido.

    *Míreme un poco lo de la ortografía, por favor.

    ResponderEliminar
  2. Vaya, quizás haya días en los que el dolor físico al levantarse no sea solo consecuencia de una atribulada noche, sino más bien de estos pesares que al andar por la vida gustan de arreciarse a nuestra espalda.

    Hoy amigo, me gustaría darte uno de esos envidiados y desligados abrazos, no puedo, ya que la distancia nos separa inexorable, pero no te quepa duda que en menos de lo que eructa un jebi, se convertirá en fehaciente verdad.

    ResponderEliminar